Yo no tuve que venir a Lambeth para decepcionarme de gran parte de la prensa ´profesional´ y sus practicantes. Dondequiera que he vivido, demasiados entre la prensa ´reconocida´ nunca han conseguido cumplir su rol primordial –informar, documentar, divulgar- sino que insisten en actuar como una especie de ´expertos´ que manejan cualquier asunto y opinan sobre cualquier tema sin, realmente, saber de qué están hablando. Hablan como por cuerda y, casi siempre, obedeciendo a intereses más allá de la realidad, o esforzándose por deformar esa realidad, en obediencia a esos mismos intereses. En pocas palabras: la realidad de las cosas nunca me ha llevado a sentir más que sospecha, cuando no completo desinterés, por lo que tienen que decir la mayoría de las fuentes ´profesionales´ de noticias y, claro está, sus empleados.
Y aquí en Lambeth, ha sido otra oportunidad para contemplar a buena parte de esa ´prensa reconocida´ y sus representantes mientras prostituyen la verdad, alientan el desastre –y, con ello, la posibilidad de noticias cada vez más escandalosas y, claro está, lucrativas- y, para peor, parecen ignorar los fundamentos más elementales de lo que, realmente, sucede en la Comunión Anglicana y, específicamente, en el seno de esta Conferencia de obispos y obispas.
Al leer algunos de los primeros despachos y artículos de ´la prensa profesional´ sobre la Conferencia de Lambeth, es difícil escapar la sensación de que fueron escritos hace varios días ya, que sus autores previeron y predijeron lo peor, lo más desastroso para la Comunión Anglicana y las provincias que la forman. Uno percibe una ansiedad, casi una histeria en anunciar “el fin de”, “la destrucción de” la Comunión Anglicana. Y la realidad de cada día, la serena participación de obispos y obispas en su retiro, no hace sino sumar a esa ansiedad de la mala prensa que, por desgracia, parece ser una mayoría.
Pero la falta de vergüenza de estos supuestos periodistas no termina en sus mentiras y sueños de pandemonium anglicano. En los últimos días, varios ´representantes de la prensa profesional´ y acreditada, quienes reciben las identificaciones apropiadas para moverse en el área de la conferencia, han entregado sus identificaciones a personas desconocidas, para proveerles acceso a áreas restringidas. Esto no solamente compromete la seguridad de todos los participantes en la Conferencia, sino que también atenta contra la organización y los organizadores que, como tales, han asumido la responsabilidad por el bienestar y la seguridad de obispos y obispas y de cualquier delegado o delegada.
Son sucesos así los que me recuerdan la opinión de un filósofo contemporáneo sobre la prensa ´profesional´, y permítanme parafrasear: “Algo muy terrible tiene que haber ocurrido con la prensa. Por ejemplo, hoy en día, es más barato recibir el periódico en la casa, que comprarlo en el estanquillo de prensa. Bueno, trate de hacer lo mismo, por ejemplo, con la leche. ¿Y por qué sucede esto? Porque los periódicos y, en general, la prensa escrita, las estaciones de radio y TV, han perdido su autonomía financiera y, con ello, su capacidad para decir la verdad. Cuando no sirven ciegamente a la mano que las alimenta, están exagerando los hechos, en la búsqueda desesperada por titulares cada vez más escandalosos, en la esperanza vana de vender más y más ejemplares”.
Sabias palabras.
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Hace 1 día

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