jueves 31 de julio de 2008

Obispos, sexo y películas (2)

Como les he explicado en otro post, yo solamente les puedo hablar de lo que sucede en uno de más de 15 grupos Indaba, de 40 o 45 obispos y obispas cada uno. El Grupo O. Por Regla Chatham solamente puedo comentar una parte de aquello de lo que soy testigo, pero aún eso es más que suficiente para compartir estas reflexiones con ustedes.

Y, también como les explicaba en otro post, hoy el tema de los grupos Indaba fue ´sexualidad humana´, específicamente, preguntando a los obispos las repercusiones que han tenido en sus diócesis las ´innovaciones´ de algunas provincias y diócesis anglicanas en cuanto a uniones del mismo sexo´. La conversación estaba, como quien dice, ´puesta´. Y, al menos en el grupo O, la conversación funcionó.

A este punto de la Conferencia de Lambeth, los obispos y obispas están preparados para escucharse mutuamente, y preparados de una forma en que no lo estaban cuando se celebró el Servicio de Apertura de la Conferencia, el pasado 20 de Julio. Hoy, 31, los grupos Indaba y, particularmente, los pequeños grupos de reflexión que componen cada grupo Indaba, fueron el espacio para que, obispos de contextos y situaciones culturales, legales y constitucionales completamente diferentes entre sí, pudisen hablarse directamente y hablar, no de asco, no de puritanismo barato y falso, sino de los impactos para la misión.

En otras palabras, como obispo encargado del cuidado de una diócesis de la Iglesia de Dios en la Comunión Anglicana, ¿qué han significado estos movimientos provinciales hacia la plena integración de personas no-heterosexuales en la vida, misión y ministerio de la Iglesia de Dios, en la Comunión Anglicana?.

El diálogo es bien difícil porque, con cada palabra, se hace más profunda la comprensión mutua de cuán vastas son las diferencias de abordaje de la sexualidad humana. Ésa fue una de las marcas de la conversación. Con cada frase, cada obispo presente parecía comprender un poco más claramente las reales dimensiones de las diferencias. Y, por un momento, durante las plegarias del mediodía, el silencio profundo de 40 obispos en oración fue un claro mensaje de solidaridad en el aislamiento.

Aislamiento de culturas. Estos obispos no sólo están contemplando las reales y profundas diferencias que amenazan separarlos, sino también la imagen más amplia, la realidad de las profundas barreras culturales que impiden traducir en el lenguaje del mundo desarrollado la real tragedia de la pobreza, la corrupción, o las alegrías de construir, aprender y levantar.

Aislamiento de lenguajes. También resulta muy claro que el mismo ´arranque religioso´ es completamente diferente para obispos de ambos lados de esta barrera entre la opulencia en picada y emergencia de multitudes.

Pero, de alguna forma, todos los obispos se encontraron diciendo que, en todo caso, la prioridad es la preservación de la Comunión Anglicana y su habilidad para misionar a todo el Pueblo de Dios y urgir a los poderes de mercado y gobierno a que recuerden las masas de pobres y desprotegidos y, en muchos casos, servir de su único canal de asistencia y servicio.

Todos los obispos se encontraron usando palabras de acomodamiento, más que de demanda. De afirmación -esta es mi cultura, y sus misioneros nos enseñaron lo que ustedes ahora están re-interpretando- y no de amenaza. De verdad -yo les amo en Jesucristo, ustedes son mis hermanos obispos, pero mi corazón es de Jesucristo y Él me dice que esto que hago es el bien´- y no de engaño.

En un mundo tan polarizado como el nuestro, no es más que predecible que ésta sea la situación entre obispos y obispas de 650 lugares diferentes del planeta. Y también es predecible en una tradición cristiana como el Anglicanismo, donde no se necesita de jefes mundiales para hablar la verdad y predicar el Evangelio, y sin embargo, se atesora la realidad de las fraternidades y hermandades de cristianos y cristianas en todo el mundo, lo que es, realmente, el músculo y nudo de la Comunión Anglicana.

¿Qué se puede hacer con tanta miel y tanta sinceridad?, se preguntarán ustedes. Yo no sé, ahora mismo, no sé, pero al menos me tranquiliza saber que aquellos a quienes ha sido confiado el cuidado de las iglesias de Dios en la Comunión Anglicana, aquellos que vinieron a Canterbury, todavía tienen la capacidad de hablar la verdad y ser humildes ante esa verdad.

¿Qué pasará? Por supuesto que yo no sé. Pero, con estos vientos, lo que sea, verdad será.
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