sábado 2 de agosto de 2008

Lo que pasa es que...

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Como toda generalización, mi ejercicio descriptivo del post anterior no consigue, realmente, describir toda la complejidad de la situación en que, a primera vista, es un mero enfrentamiento entre culturas, o formas de vivir, o comprensión del mundo y la condición humana. Como cualquier otro conflicto religioso, cultural o económico, el drama de la desunión en la Comunión Anglicana tiene su mucho de historia y también su poco (o bastante) de politiquería, manipulación y sed de poder.

Por una parte, está el hecho de que, a diferencia de otras provincias en la Comunión Anglicana, en la Iglesia Episcopal EUA, la Iglesia Anglicana de Canadá y, de manera incipiente, en la Iglesia de Inglaterra (además de otras provincias donde no se discrimina contra las personas no-heterosexuales pero, como son pobres económicamente, no interesan a ninguno de estos primados radicales y cuasi mesiánicos del Sur Global) se han producido cambios en la dirección de la normalización del lugar y dones en la vida, misión y ministerio de la iglesia de personas no heterosexuales.

Estos cambios, de velocidad muy variable entre estas provincias anglicanas, tienen como trasfondo una realidad, no solamente cultural, sino legal, constitucional, educacional, linguística y aún estética, discursiva, que asume esa normalización del lugar de las personas no heterosexuales como algo muy, muy ordinario y, como quien dice, natural. Responden también a una lectura de las Escrituras que reconoce patrones de ejercicio de poder, realidades culturales y el uso de lenguaje alrededor de la sexualidad humana y, específicamente, la homosexualidad, que permiten lecturas alternativas y, de hecho, que afirmen a esas personas en su identidad como tales.

Por supuesto, en la Episcopal en los EUA y la Iglesia Anglicana de Canadá hay congregaciones y aún diócesis que disienten con toda energía de las decisiones de la Convención General del año 2003 y del Sínodo General 2004 y otras decisiones sinodales, en realidad, el verdadero rostro ´del grupo 2´, de aquellos obispos y arzobispos (presumiblemente, en representación de la voluntad de sus diócesis y provincias) quienes no consienten en forma alguna a la normalización del lugar de personas no heterosexuales en la vida, misión y, menos aún, ministerio de la Iglesia, es el de algunas de las iglesias del así llamado ´Sur Global´.

Entre estas iglesias del ´Sur Global´ hay un grupo de provincias que, a la vez que prohíben, se oponen a y critican cualquier apertura en la normalización del lugar de personas no heterosexuales en las ´iglesias de Occidente´, también continúan comprometidas con las estructuras de la Comunión Anglicana y con los procesos auspiciados por el Arzobispo de Canterbury, en quien insisten en señalar la primacía histórica entre la Comunión Anglicana. Estas provincias, con todas sus diócesis, están presentes en Canterbury, y han dejado saber muy claro su posición y, de vez en cuando, algo más que eso.

También hay otro grupo de iglesias del ´Sur Global´, específicamente las provincias de Uganda, Nigeria y Rwanda, junto con primados u obispos de otras provincias, que se han ausentado en masse de la Conferencia de Lambeth, que no entienden de conversaciones que incluyan a obispos que participaron o consintieron a la consagración de Gene Robinson, no cren que las actuales estructuras de la Comunión Anglicana tengan la capacidad de reconciliar las diferencias existentes con respecto a las ´iglesias de Occidente´, y no tienen particular interés por retener la conexión con Canterbury y, en ello, la membresía activa en la Comunión Anglicana.

Este segundo grupo de iglesias del Sur Global, las completamente inflexibles en cuanto a la normalización del lugar, dondes y ministerios de personas de orientación no homosexual en otras provincias de la Comunión, ha estado y sigue estando íntimamente conectado a grupos y organizaciones radicadas en Norteamérica, dentro y fuera de la Iglesia Episcopal, que corresponden a algunos de sus énfasis morales y doctrinales y que les proveen de una ´cabeza de playa´ para sus invasiones de las diócesis y provincias anglicanas en los EUA y Canadá. También les proveen de logística, fondos, personal y medios de trabajo, pero ya ésa es otra historia.

Hay varios problemas resultantes de tales alianzas, y créanme que estoy siendo tan imparcial como me es posible.

1. Varios de los individuos, grupos y organizaciones en los EUA a que están vinculados los primados y obispos más radicalmente conservadores en el Sur Global son de identidad y hábitos, cuando menos, preocupantes.

Como Howard Ahmanson Jr., discípulo de quien fuera creador de la infelizmente llamada doctrina Reconstruccionista Cristiana, y quien estuvo presente en Gafcon, la reunión anti-Lambeth que tuvo lugar en Jerusalén, pocos días antes del comienzo de esta Conferencia en Canterbury.

Como el Instituto para la Religión y la Democracia, recurso pseudo-intelectual de la derecha más reaccionaria en los EUA.

Como la también infelizmente titulada Red de la Comunión Anglicana, que no es más que un grupo ideológico de presión en la Iglesia Episcopal EUA, presidido por el Obispo ´Yo Debiera Ser Primado´ Duncan de Pittsburgh, actualmente bajo un juicio disciplinario de la Iglesia Episcopal EUA y quien tiene como hábito principal el propiciar el robo de parroquias y recursos en la custodia de la Iglesia Episcopal en los EUA y la suplantación de esta provincia de la Comunión Anglicana con una nueva criatura que discrimina a mujeres, no-heterosexuales y, visto quienes se arriman a esta pandilla, cualquiera que les recuerde todo aquello que, o temen, o desconocen, o se deseseperan por ignorar y ocultar.

2. Esta alianza conservadora es el fruto dela desesperación y la conveniencia. Esto es, los obispos más reaccionarios, tanto del ´Sur Global´ como en la Iglesia Episcopal EUA, la Iglesia Anglicana de Canadá, la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Australia, y, hasta hace no tanto, la Igreja Episcopal Anglicana do Brasil, coinciden, en estos momentos, en lo que es difícil percibir como además de una repulsión incontrolable hacia las personas de orientación no-heterosexual. Y difieren en casi todo lo demás.

Esto es, unos aceptan la ordenación de mujeres, otros jamás comulgarían de una misa celebrada por una mujer. Unos manejan un discurso de poder, superstición y sexismo que, por decirlo muy brevemente, es completamente ilegal en el contexto de los otros. Unos se esfuerzan por cobrar sus deudas institucionales de los últimos 50 años, otros por deudas culturales que, por demasiado tiempo, han crecido y separado a tantos pueblos del mundo.

3. El estandarte que se han inventado todos estos grupos de origen y naturaleza tan disparatada es el de la ´fidelidad a las Sagradas Escrituras´. Y eso es una mentira tan inmensa que cada uno de estos obispos debiera sonrojarse cada vez que se llenan la boca de tanta arrogancia y fariseísmo tan barato y politizado.

Yo no quiero cansarle con mis argumentos sobre la realidad de los diferentes contextos e identidades, en los escritos bíblicos, en el momento en que fueron fijadas las interpretaciones que hoy día algunos asumen como ´eternas´, y el contexto del momento actual. Pero sí quiero recordarle que, entre todas esas páginas de libros y capítulos y versículos y poesía y vida y Palabra, hay fragmentos, mandamientos, exhortaciones mucho más directas, de sonido mucho más eterno y de cumplimiento nunca tan urgente. Mateo 25.31ss viene a la mente, ¿no? O San Marcos 10.17-21

Y yo no veo a ninguno de estos obispos ´tan radicales´ vendiendo ninguno de sus beneficios obtenidos, al menos en parte, del servir a congregaciones en provincias ajenas y propiciar el robo de edificios y recursos a iglesias nacionales ajenas. Por ejemplo.

Hay una razón por la que estos ´paladines del Evangelio anti-homosexual´ se van a predicar de su esquina del ´Sur Global´ a los EUA, y no al desastre y la deseperación de Myanmar, se van a robar parroquias a Canadá, pero ignoran la corrupción de los gobiernos y politicos de sus países de origen. Se van (volando en primera clase) a servir a cristianos desesperados y amedrentados ´por la amenza gay´, pero no en Polinesia, Haití, no en los barrios pobres de sus propios países y ciudades, sino allí donde el agradecimiento de cristianos y cristianas sabe a vino caro y se viste de largo y ancho.

Y cada una de esas realidades de su atribulada vida de ´obispo de alquiler´ es una denuncia de la profunda hipocresía de sus demandas de ´fidelidad absoluta a la Biblia´.
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