viernes 1 de agosto de 2008

¿A qué vinimos, entonces?

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´Vamos a hablar de eso después´. ´Mejor nos reunimos para discutir ese problema´. ´Cuando hayamos discutido lo suficiente, tomamos una decisión´.

Todos usamos estas frases, o equivalentes, cuando estamos tratando de llegar a un acuerdo, un consenso y, siempre que se pueda, una solución aprobada por la mayoría, si no todos los interesados. En casi toda instancia de la vida y coexistencia humanas, los acuerdos, consensos y soluciones son parte imprescindible de nuestro lidiar con conflictos, con nuevas situaciones, con nuevas realidades, y claro está, de nuestro lidiar con el empeño de conservar a nuestros amigos y, más aún, fortalecer esos lazos de fraternidad.

Pero, como muchos de ustedes sabrán, no siempre tenemos las palabras, el espacio o, simplemente, no tenemos el tiempo para lograr todos estos loables objetivos del diálogo y la discusión. En otras ocasiones, la misma conversación no tiene, como propósito principal, la discusión extendida de cada detalle de un asunto, la consecución de un acuerdo definitivo, o aún la elaboración de una solución exhaustiva. En muchas ocasiones, una conversación es lo más que podemos pedir entre partes en conflicto.

Primero, a las palabras. ¿Cómo conversar cuando unos queremos decir una cosa, y usamos una palabra que es interpetada por otros como algo completamente diferente a lo que fue nuestra intención? Cada obispo u obispa que habla en Lambeth, cada delegado que participa en esta Conferencia, ha estructurado su ministerio y proyección episcopales en conceptos, experiencias y palabras que solamente son comprensibles, en todo su contenido y alcance, allí en el contexto donde vinieron a ser. Multiplique este carácter único del lenguaje de cada obispo por los más de 660 obispos y obispas presentes en la Conferencia.

Durante los pocos postings de este blog, y sin aspiración alguna de magisterio o conocimiento detallado del tema, yo he estado tratando de, primero, explicarme a mí mismo y, después, compartir con ustedes, que ésa es una realidad particularmente visible en el trabajo de conversación y trabajo conjunto en los grupos Indaba y, específicamente, en los grupos Indaba de obispos y obispas de esta Conferencia de Lambeth.

¿Por qué la Conferencia de Lambeth no puede y, más aún, no se supone que alcance ese tipo de acuerdo definitivo, de palabra absoluta y postura vertical que, al parecer, muchas personas siguen esperando y asumiendo como el deber de los obispos y obispas reunidos en Canterbury?

Primero. La Conferencia de Lambeth solamente reúne los obispos y obispas de la Comunión Anglicana. No hay sacerdotes, ni diáconos ni laicado presente con la capacidad de hablar, votar y, en general, representar a sus iglesias locales o provinciales de origen. Como tradición cristiana que está profundamente marcada por la Reforma del siglo 16, el Anglicanismo se entiende a sí mismo como nutrido por todos los órdenes ministeriales de la Iglesia, y no sólo el episcopado.

Segundo. Como he estado diciendo algunas veces ya, ésto es una Conferencia, no un Sínodo. Como conferencia, los obispos y obispas son habilitados para la conversación (confere), y no el ejercicio legislativo en nombre propio o de las diócesis y provincias de la Comunión Anglicana confiadas a su cuidado. En general, las Conferencias de Lambeth están orientadas a aquellas personas que ejercen el episcopado en la Comunión Anglicana.

Tercero. Las decisiones tomadas en Lambeth, aún cuando les sea impuesto un formato legislativo o parlamentario, de por sí mismas, no tienen autoridad canónica sobre ninguna de las 38 provincias miembros de la Comunión Anglicana. Esto se debe a que, a diferencia de otras denominaciones o tradiciones cristianas, el Anglicanismo afirma la autonomía de las iglesias regionales o nacionales (provincias). No hay un poder global, que centralice la doctrina, disciplina e identidad de iglesias que están esparcidas por y ministran en muchísimas partes diferentes del mundo.

Claro, que las decisiones de Lambeth, como las decisiones de cualquiera de los otro 3 Instrumentos de Comunión (Consejo Consultivo Anglicano, Reunión de los Primados y el ministerio del Arzobispo de Canterbury como ´primero entre iguales ´ entre el episcopado de la Comunión) son autoritativas para cualquier provincia de la Comunión siempre y cuando las estructuras de gobierno, pastoral y administración de esas provincias así lo determine, a través de sus procesos canónicos establecidos.

Cuarto. Las iglesias anglicanas tienen suficientes ejemplos en otras denominaciones cristianas para contemplar qué efecto tienen, por una parte, la imposición doctrinal tanto de un gobierno centralizado como de una identidad cristiana absoluta, y por otra, la desconexión que prevalece entre iglesias que han preferido la seguridad y lo predecible de lo nacional y lo cercano por sobre la cooperación y trabajo conjunto con cristianos y cristianas de tierras y realidades completamente diferentes a la propia. Esos ejemplos nos ayudan a apreciar y dar gracias a Dios por la vida, testimonio y ministerio de otras iglesias cristianas, por muy diferentes que puedan ser, pero también nos ayudan a comprender la necesidad de preservar las formas de comunión, fraternidad y cooperación en la misión que encarnan los ´lazos de afecto´ que unen y conectan las provincias de la Comunión Anglicana.